Con textos de: Manuel Penella Heller y Fernando Millán Romeral
El 13 de julio de 1524, en el castillo de Allstedt, Thomas Müntzer compareció ante los príncipes de Sajonia, obligado a dar explicaciones por sus sermones apocalípticos y sus actividades un tanto misteriosas. Podía acabar encerrado en una mazmorra: se había ganado a pulso el odio de los ciudadanos de buena posición, de los nobles, de los luteranos y de los papistas… Pero no se amilanó, como atestigua su sermón en aquel castillo, el mismo que ha pasado a la historia, el núcleo aún incandescente del libro que el lector tiene en sus manos, extrañamente a salvo de las cenizas del olvido.
Figura emblemática de la llamada “reforma radical”, Müntzer, cuya cabeza acabó expuesta en una pica, nos permite entrever las profundidades del siglo xvi, la crisis de la cristiandad y los estremecimientos del muy sufrido tránsito a los tiempos modernos. El sermón que ahora el lector tiene en sus manos se presta, digámoslo ya, a consideraciones no necesariamente inactuales ni tranquilizadoras, pues salen al paso, a la vez, no por separado, nada menos que Dios, la Biblia, la legitimidad del poder, la justicia y la violencia.
En su libro La guerra campesina en Alemania, Friedrich Engels fijó para la posteridad una imagen idealizada de Müntzer, la de un protosocialista. Por su parte, Ernst Bloch no dudó en considerarlo “el teólogo de la revolución”. El caso merece una revisión a la luz de investigaciones recientes.
Manuel Penella Heller nos relata la vida de Müntzer desde su nacimiento en Stolberg, Turingia, a principios de 1489 hasta su martirio por decapitación en Mühlhausen el 27 de mayo de 1525. Por su parte, Fernando Millán Romeral, plantea la gran pregunta acerca de la identidad de nuestro protagonista: ¿archidiablo, profeta o revolucionario? Haciendo un lúcido repaso de las obras de Müntzer que han sobrevivido, contextualizándolas, Millán Romeral nos ofrece los elementos de juicio necesarios para valorar adecuadamente su figura, por encima de la admiración de quienes le idealizaron y del odio de quienes le denigraron.
Conversación en torno al libro: «Prédica ante los príncipes» de Thomas Müntzer. Prokomun Libros, 2025. Con textos de: Manuel Penella Heller y Fernando Millán Romeral Intervienen:
Fernando Millán Romeral
Manuel Penella Heller
Carmen Márquez Beunza
Autor: Thomas Müntzer —————-
Carmen Márquez Beunza
Valenciana. Licenciada en Derecho por la Universidad de Valencia y Doctora en Teología Dogmática-Fundamental por la Universidad Pontificia Comillas. En 2002 comenzó su docencia en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas. Actualmente imparte las asignaturas «Eclesiología», «Teología Ecuménica» e «Introducción al Cristianismo». Desde el año 2015 es Jefa de Estudios del Bachiller en Teología (programa vespertino). Desde el año 2021 es consultora de la Subcomisión Episcopal para Relaciones Interconfesionales y Diálogo Interreligioso. Algunas de sus publicaciones: «Las Iglesias cristianas ante el apartheid en Sudáfrica: un análisis teológico del documento Kairós» (2014), monografía de la tesis; Cien fichas de ecumenismo (1999) que publicó con el ecumenista dominico Juan Bosch. Editora de los libros: Non omnis moriar. Libro-homenaje al prof. Santiago Madrigal (2023) y Signo alzado entre las naciones. Fundamentos de eclesiología, del jesuita Santiago Madrigal (2024).
Fernando Millán Romeral
Cursó sus estudios de filosofía y teología en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla, en el Centro de Estudios Teológicos de la misma ciudad, y en el Milltown Institute for Philosophy and Theology de Dublín. Hizo su doctorado en la Universidad Gregoriana de Roma. Fue profesor de Sacramentos en la Facultad de Teología de Comillas en Madrid, de 1995 a 2007, y profesor invitado durante varios cursos en la Gregoriana de Roma. Prior General de la Orden del Carmen de 2007 a 2019 y actualmente director del Instituto Universitario de Espiritualidad de Comillas. Estudioso de la historia de la teología y de las connotaciones culturales y políticas de la misma, ha publicado varios libros y artículos sobre sobre teología sacramental, figuras del Carmelo del siglo XX, como Tito Brandsma, Donal Lamont y Bartolomé Xiberta y sobre otros temas de espiritualidad carmelitana. Es miembro del consejo de redacción de la revista Sal Terrae de Madrid. Ha sido vicepostulador de la causa de canonización de Tito Brandsma, del que ha publicado una selección de Escritos ante el nacionalismo en la colección Textos para un Milenio. En Prokomun Libros ha publicado dos libros libros de relatos breves, Abriles robados y Abrazos.
Manuel Penella Heller (Buenos Aires, 1951)
Es doctor en Filosofia y Letras (sección Filosofia) por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido profesor del Centro de Estudios Hispánicos (Bryn Mawr College). Fue el último secretario de Dionisio Ridruejo, cuyo archivo particular, hoy incorporado al Centro Documental de la Memoria Histórica (Salamanca), estudió, ordenó y completó. Ha colaborado en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia y en diversas revistas como Ínsula, Índice e Historia y Vida. Formó parte del consejo de redacción de una historia de España en veinticuatro volúmenes (Editions Ferni, Ginebra, 1980), siendo responsable de los dedicados al siglo XX, su especialidad. Es autor de biografías varias veces reeditadas, Juana la Loca. Círculo de Amigos de la Historia, 1976; Vincent van Gogh. Hernando, 1977 y Franz Kafka. Urbión, 1984. Entre sus últimas publicaciones, destacan: La causa contra Franco. Juicio al franquismo por crímenes contra la humanidad. Planeta, 2010; Nietzsche y la utopía del superhombre. Península, 2011; Dionisio Ridruejo. RBA, 2013 y Más allá de la indignación. Humanismo o barbarie. Prokomun Libros, 2021. En la actualidad imparte lecciones de Filosofía en la Fundación La Caixa.
Publicamos a continuación el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma de 2025 sobre el tema «Caminemos juntos en la esperanza».
Mensaje del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:
Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3) [1].
En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.
Antes que nada, caminar. El lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos. Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.
En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales [2]. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos [3]. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.
En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos [4]. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.
En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo [5], sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado [7], y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.
Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?
Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme [8]. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3) [9].
Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.
Roma, San Juan de Letrán, 6 de febrero de 2025, memoria de los santos Pablo Miki y compañeros, mártires.
El pasado miércoles se llevó a cabo en la librería ARS de Zaragoza la charla «El papel de la Palabra de Dios en la Iglesia Sinodal», a cargo de D. Pedro Fraile, Doctor en Teología Bíblica. Esta actividad marca el inicio de la Agenda Cultural para este nuevo curso. El Prof. Pepe Alegre, profesor de Moral Fundamental y Social, introdujo al ponente y el tema, invitándonos a caminar en este Sínodo con paciencia, desde el Concilio Vaticano II.
El ponente establece tres puntos de desarrollo:
La Dei Verbum. Constitución Dogmática de la Palabra de Dios
La Iglesia y la Palabra en un mundo cambiante
Propuestas para escuchar la llamada
1-Tras una exposición de la evolución de las diferentes ediciones de la Biblia, Nácar Colunga, Biblia de Jerusalén, Biblia de Luis Alonso Schökel, y otras de carácter más pastoral, se apunta la importancia, de que todas contribuyeron a la gran expansión del Concilio Vaticano II y a la gran difusión de la Palabra de Dios.
El Concilio aporta la idea de la veneración de las escrituras al igual que el cuerpo del Señor. El pan de la Palabra y el pan de la Eucaristía, la idea de dos mesas de panes, dos alimentos imprescindibles para la espiritualidad del hombre.
El Concilio incide en la base de la Teología en la Palabra de Dios. Para ver la Teología en la Soteriología, en la Salvación, buscar el papel del cristiano en su salvación gracias a su revelación, gracias a su mediación y a su plenitud. Estos temas se recogen en la constitución Dei Verbum.
2-Dentro de estos movimientos temporales de promulgación de la Palabra de Dios, aparece la interpretación de la Biblia en la vida de la iglesia, se comenzó a estudiar la Biblia desde un punto de vista diacrónico, desde la historia, las fuentes, el género literario…estudios muy necesarios.
Aunque parece que el texto bíblico no da para más, aparece la exegesis Bíblica, la interpretación, que impacta en todos nosotros.
Un texto del papa Francisco, nos da una nueva perspectiva al hablar de la Palabra de Dios por la Encarnación y desde aquí la construye. La idea que lanza el Papa Francisco es que la fe cristiana no es una religión de libro, es la religión de Jesucristo en la Palabra Encarnada.
3-Dentro de la búsqueda de propuestas, debemos tener una mirada crítica:
La Biblia tiene un relato histórico… ¿hemos perdido el relato histórico? ¿las últimas generaciones lo conocen?
Nadie busca el equilibrio del cuerpo, la mente y el espíritu, en la fe, en la Iglesia, nos ha ganado la partida los coaching, mindfulness…
Hay gente que se refugia en el pasado, en normas religiosas pasadas, no se sabe lo que es mejor…
Pero la Palabra de Dios habla en la historia, en nuestra historia y en los acontecimientos (mayo francés 1968, caída del muro 1998, torres gemelas 2001, pandemia 2022) de todos los tiempos.
Dios habla, debemos Evangelizar desde la Palabra de Dios.
Pero el concepto de Evangelización también ha cambiado con los tiempos. En los años 70/80 surge la Teología de la Liberación, la teología no se entendía sin un compromiso real y total con los más pobres, los más necesitados.
Pasan los años y aparecen movimientos comprometidos, que parten del Kerigma y que quieren cambiar el mundo. Se crean dos puntos de evangelización: evangelizar a los pobres (Teología de la Liberación) y seguidores del kerigma (movimiento Neocatecumenal). No hay evangelización sino ponemos en el centro la Palabra de Dios.
Propuestas y Conclusión
Somos una Iglesia esperanzada. Creemos que la última palabra es de Dios.“algo nuevo está surgiendo. No lo notáis” Is 43, 18
Somos iglesia discípula. Debemos volver a Jesús, nuestra fe cristiana es personal, se escucha, se siente…
Es una Palabra para discernir. Hay textos duros acerca de la palabra, Hb 4, 12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu …”.
Tiene la capacidad de cuestionar nuestras vidas en cualquier momento
“La fe se expresa en un relato y el relato es tremendamente humano”, termina diciendo el Prof. Alegre.
Durante los meses de verano, muchas personas cogen las vacaciones, marchan de las ciudades o de sus entornos para desplazarse a otros lugares y disfrutar de unos días bien merecidos de descanso. Por eso, os deseo a todos que este tiempo sirva para fortalecer la mente y el cuerpo, tomando aires nuevos y renovados que lleven a afrontar el ritmo trepidante al que nos somete la vida actual. Sin duda, las vacaciones brindan la oportunidad de renovarse interior y exteriormente; más que no hacer nada, las vacaciones son un cambio de actividad en nuestra vida cotidiana.
Por desgracia, no todo el mundo puede gozar de vacaciones. Los motivos suelen ser diversos: las enfermedades, la ancianidad, el paro, la falta de recursos económicos, los accidentes, las desgracias, las muertes de seres queridos, el estado de ánimo, la privación de libertad, etc. Pido, por favor, que les prestemos a todos ellos, si es que conocemos a alguno, un poco de nuestra humanidad con la cercanía, el apoyo y el consuelo.
Entre las actividades preferentes durante las vacaciones deberíamos centrar más nuestra atención, por ejemplo, en pasar más tiempo con la familia, reuniéndonos con parientes y amigos, fomentando, así, los lazos humanos. Esto es algo primordial. Todos necesitamos de los otros, el contacto humano, el tiempo, la escucha, el cariño, la atención, la mirada, la sonrisa; sin duda ello será de gran beneficio para ambas partes, siendo la mejor terapia para el descanso, la lucha contra el estrés y el desgaste emocional. También, el tiempo de vacaciones, supone una preciosa ocasión para la cultura, desde el aprendizaje de un idioma, hasta la visita de museos y participación en ponencias y encuentros. No debemos olvidar la lectura, la música, los momentos de silencio y contemplación, y el disfrute con la naturaleza. Además, pueden ser muy convenientes y útiles la meditación, la oración, las peregrinaciones, el voluntariado con instituciones de ayuda humanitaria o cualquier actividad en las distintas regiones. Todo esto convierte las vacaciones en algo valioso y esperado, enriquecedor, a la vez que entretenido y divertido. El peor enemigo de las vacaciones es el aburrimiento.
Por último, haciendo un subrayado muy particular, sostengo que las vacaciones son un óptimo momento para reflexionar sobre la propia vida, o decidir sobre ciertos asuntos personales, sopesando conflictos y problemáticas, tomando distancia en cuestiones que afectan la vida familiar y laboral, confeccionando resoluciones y estrategias para una mejor calidad ambiental e, incluso, pasando algunas horas en soledad para discernir lo que quiera hacer cada uno cuando regrese a la vida diaria. Es importante, pues, renovarse a fondo y tomar impulso para afrontar los meses de lucha y trabajo, el cual para muchos ni es gratificante ni motivador. Ya sabemos la cantidad de ambigüedades que aquejan a la sociedad y que en cierta medida nos afectan a todos, especialmente a los más jóvenes y vulnerables. No quiero ahora enumerar la larga lista de injusticias, desazones, retos, obstáculos, fakes news, desconciertos, que nos rodean llegándonos verdaderamente a confundir. La Iglesia, que podía ser un aliento para muchos, también orbita en ese círculo, lo cual le acarrea un precio como es la falta de credibilidad, la crisis de identidad y el escenario que presenta de sospecha, ocultación y enrarecimiento. Cualquiera se da cuenta que entre la jerarquía y el evangelio hay una separación que limita hasta la perplejidad. Pero, las razones de dichas afirmaciones, las daré a su debido tiempo. De momento, y al menos para nuestras vacaciones, no olvidemos los conflictos bélicos existentes, Israel-Palestina, Ucrania y tantos otros países que están en guerra y que no presentan ningún interés mediático. Tampoco olvidemos la violencia que sufren muchas personas en sus hogares, la escasez de alimentos y agua potable, la pérdida de trabajos, las depresiones, los suicidios y, sobre todo, la enfermedad del odio, la rabia y la envidia que se ha instalado muy visiblemente en muchas personas durante los últimos años. Ante esto, recomiendo leer un antiguo libro, reeditado en el 2004, titulado: “La asamblea que condenó a Jesucristo”, escrito por los hermanos Agustín y Joseph Lémann, judíos convertidos al catolicismo, donde demuestran que durante el proceso contra Jesús, se cometieron hasta veintisiete irregularidades jurídicas contra la legislación penal y procesal del pueblo hebreo. Esta que fue la mayor injusticia conocida, hizo que el sentenciado a muerte fuera el mayor Bienaventurado de la historia. Por eso, a todos los que sufren atropellos a causa de un “neo-sanedrín” a nivel mundial, son los “bienaventurados” de la actualidad, del día a día. Ojalá ellos desde el silencio y anonimato lleguen a exterminar la hipocresía de las instituciones.
Dios trabajó seis días, y el séptimo descansó. Un descanso que dura aún hoy: es la eternidad de Dios. Es un séptimo día dedicado a un descanso activo porque Él sigue actuando, guiando y creando nuevos rumbos y cauces hasta el punto de estremecernos ante tanta maravilla. Nuestras vacaciones deben ser así, como las de Dios, activas y contemplativas: responsables ante la fascinante humanidad del futuro e inteligentes en saber interpretar los lenguajes y los signos de la propia vida.
El día 5 de junio en la Librería ARS Carmelitana (Madrid) se realizará una conversación en torno al libro Fraternidades en la intemperie. Vínculos que cuidan, editado recientemente por Ediciones Khaf. Tendremos la alegría de contar con la presencia del autor del libro Luis Araguren Gonzalo que conversará con Pepa Torres (téologa y activista social) y con María Ángeles López Romero (Fundación Edelvives).
Acerca del Autor Luis Aranguren Gonzalo
Nació en Madrid en 1959. Profesor asociado de Ética en la Universidad Complutense y consultor-formador en el campo de la ética en la educación, la participación social y el desarrollo de organizaciones. Convencido de que necesitamos arraigarnos en un pensamiento generado desde la acción, ha publicado una veintena de libros. Durante estos últimos años se está dedicando a la ética del cuidado como eje de crecimiento personal, de salto evolutivo para las organizaciones y de paradigma para nuestra civilización. Es doctor en Filosofía y licenciado en Teología.
Breve reseña de la Editorial Khaf
La intemperie reclama una proximidad que singulariza los vínculos y busca el cuidado. Porque no hay amor más grande que el amor concreto. La fraternidad en la intemperie es una forma de amparo comunitario, y la aportación del cristianismo del siglo XXI será la construcción de una Iglesia hecha de fraternidades en movimiento al servicio de los más empobrecidos.
En tiempos de metamorfosis global conviene saber que es aquello que queremos conservar, que huele a frescura del Evangelio y, por tanto, es esencial en nuestras vidas. Seremos tejedores y transformadores de este mundo en función de los vínculos que fomentemos y conservemos.
«Convivir sin dar lecciones, aprendiendo como los demás; sin buscar puestos de honor, enfangándose con los demás; sin enfadarse por perder privilegios…».
Puedes acceder al libro en nuestra Web pinchando en el enlace:
El próximo jueves, 11 de abril a las 19.00 h. os esperamos en la Librería Ars de Zaragoza en la presentación del libro «Pierre Teilhard de Chardin» publicado por la editorial Fundación Emmanuel Mounier.
Contaremos con la presencia del autor José Luis Febas, Doctor en Teología por el Instituto Católico de París, con una tesis sobre el lenguaje cristológico de Pierre Teilhard de Chardin (1976). Jubilado en la actualidad de su actividad docente como profesor de Teología Dogmática en el Centro Regional de Estudios Teológicos (CRETA) y como catedrático de Francés en la Escuela Oficial de Idiomas, ambos en Zaragoza.
También nos acompañará Carmen Herrando, Doctora en Filosofía por la UNED. Es desde 2010, profesora de Ética en la Universidad San Jorge de Zaragoza desde 2010. Desde 2012, profesora de Antropología filosófica en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón. Miembro de la Association pour l’Étude de la Pensée de Simone Weil y del Instituto Emmanuel Mounier.
Pierre Teilhard de Chardin no deja de estar de actualidad. El jesuita y paleontólogo francés, que aunó junto a una reconocida carrera científica de investigador, vivida en su mayor parte en el exilio de China, una trayectoria personal en busca de la unificación de su doble dimensión como hijo del Cielo e hijo de la Tierra, es una de las personalidades más fascinantes y debatidas del pasado siglo. Su vida y su obra -en su triple faceta como persona, científico y pensador-, así como el subsiguiente fenómeno del teilhardismo, son una referencia obligada en el debate de la relación entre ciencia y fe, tan actual en nuestros días.