Una Caro

Ene 22, 2026

Documento UNA CARO. Elogio a la monogamia

 

Próximos a San Valentín nos llega en papel este precioso documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, aprobado a fines de noviembre del año pasado.
Aunque está dirigido a la Iglesia universal, puede ser considerado en distintos contextos culturales. Parte del reconocimiento del actual desarrollo del poder tecnológico, que puede llevar al ser humano a percibirse como ilimitado y a debilitar la valoración de un amor único y exclusivo, el cual supone una renuncia libre a otras posibilidades.

Su intención es proponer, a partir de las Sagradas Escrituras, la tradición del pensamiento cristiano, la filosofía y la poesía, razones que fundamenten la elección de una unión de amor exclusiva y de una pertenencia recíproca plena. Su particular belleza radica en la variedad de autores citados, configurando un rico mosaico de expresiones del amor con personalidades tan diversas como Santo Tomás de Aquino, Kierkegaard, Whitman, Dickinson o Neruda.

El texto busca enriquecer la reflexión y la enseñanza sobre el matrimonio mediante un enfoque poco desarrollado hasta ahora, y ofrecer al mismo tiempo un material útil para el estudio y el diálogo en grupos y movimientos matrimoniales. Para ello, recoge aportes del Magisterio y de diversos autores de distintas épocas que destacan el valor de la unión conyugal, la reciprocidad y el carácter totalizador del matrimonio.

Son ejes centrales del documento:

1. La pertenencia recíproca de los cónyuges, que se aleja tanto de los excesos del individualismo como de una pertenencia absoluta del otro que niega la libertad.
La pertenencia recíproca se funda en el consentimiento libre y mutuo, mediante el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente, dando origen a una unidad que madura y se fortalece con el tiempo. Esta reciprocidad genera un verdadero “nosotros”, reflejo de la comunión trinitaria, y se vive como una pertenencia libremente elegida, que sostiene la fidelidad y la estabilidad de la unión incluso cuando cambian las circunstancias afectivas o corporales.

Al mismo tiempo, el texto subraya que la pertenencia conyugal no es posesión. La persona conserva siempre una dignidad inalienable y una libertad que no puede ser violada; por ello, toda forma de dominio, manipulación o control contradice el amor verdadero. La unión matrimonial sana es una reciprocidad entre dos libertades que se eligen sin anularse, reconociendo un núcleo personal al que solo Dios puede acceder plenamente.

Desde esta perspectiva, el amor conyugal madura al aceptar que el matrimonio no elimina toda soledad ni satisface todas las necesidades, y que la confianza y la libertad forman parte esencial de una relación auténtica. La pertenencia recíproca se convierte así en ayuda mutua, orientada no solo al bien del otro, sino también al crecimiento personal y a la santificación común, apoyada por la oración, la vida sacramental y la entrega cotidiana.

2. La caridad conyugal, entendida como una amistad íntima y totalizante, perfeccionada por la gracia del sacramento del matrimonio. Esta caridad no se reduce a sentimientos, sino que es una unión afectiva sostenida por la voluntad, capaz de mantener la fidelidad en la prueba y de hacer posible la promesa matrimonial. En este sentido, el amor conyugal es presentado como la forma más alta de amistad humana, después del amor a Dios.

La sexualidad, integrada en esta amistad conyugal, es valorada como un don de Dios y como expresión de la entrega total de la persona, que involucra cuerpo y alma. Vivida de este modo, no se opone al placer, sino que lo humaniza y lo profundiza, evitando tanto el uso del otro como medio como el repliegue egoísta que genera vacío y frustración.

La caridad conyugal se muestra además intrínsecamente fecunda, abierta a la vida de diversas maneras. El texto afirma que la ausencia de hijos no cierra la fecundidad del matrimonio, que conserva su esencia como unión de personas fundada en el amor. La fecundidad del amor conyugal se expresa también en otras formas de donación, más allá de la procreación biológica.

Finalmente, se afirma que el matrimonio, como amistad exclusiva y sólida, no está llamado a cerrarse sobre sí mismo, sino a abrirse a los demás y a la sociedad. La caridad conyugal se expande en la amistad, el compromiso social, el servicio a la Iglesia y la atención a los pobres. Esta apertura protege al matrimonio del encierro egoísta y manifiesta la fecundidad social y eclesial del amor conyugal, que se convierte así en signo del amor de Dios en el mundo.

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